“Hoy reconocemos un gran logro para los pueblos del mundo. Se trata de una de las primeras metas de los ODM que han cumplido”, señaló Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas. Sin embargo, unos 783 millones de personas, el 11% de la población mundial, no tiene aún acceso al agua potable y miles de millones no reciben servicios de saneamiento, como advirtió Anthony Lake, director ejecutivo de UNICEF.
Guadalupe y Fuensanta
Guadalupe goza hoy día de la caridad de los distintos grupos religiosos. Aunque la comunidad pertenece por completo a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, no tiene problema en recibir a un grupo de católicos para gozar de una dotación de microbicidas, filtros y una serie de consejos prácticos para adaptarse a las condiciones que viven. Al final del día, son los grupos religiosos y los políticos en época de campaña quienes suplen de alguna manera la función de la administración pública, que rara vez pasa por sus casas para quedarse a mejorar sus condiciones de vida.
En mi experiencia durante los tres años que estuve visitando la comunidad, nunca vi a nadie enfermo del estómago, ningún niño con diarrea o infecciones causadas por el agua que beben y la falta de saneamiento. Una persona me explicó, sin pruebas científicas, que en el trópico las heces y los materiales biodegradables son consumidos por bacterias mucho antes de llegar al nivel del agua en el suelo gracias a la humedad y el calor. Sea cierta o no la explicación, el agua del pozo goza de plena vida animal y vegetal en perfecta convivencia con los estómagos de los habitantes de Guadalupe. Quizás, en esta pequeña aldea maya lo que necesiten es lo que sus habitantes están pidiendo continuamente: comunicaciones y transporte, acceso a centros de salud, educación y opciones de productividad para su desarrollo.
De este lado del Atlántico, en Murcia, se ha instalado desde hace años una necesidad que partió del ámbito empresarial (turismo y agricultura), recorrió los pasillos de nuestros edificios públicos con la consigna del “agua para todos” y llegó finalmente a la mentalidad de los ciudadanos, que en determinados momentos llegaron a considerar la escasez de agua no solo como el principal problema de la Región, sino como el suyo propio, a pesar de no sufrir restricciones.
Hace décadas, gracias a los fondos europeos de cohesión entre otros recursos, la población murciana goza de acceso a agua potable. Más tarde se hicieron inversiones para el perfeccionamiento de la canalización del agua con el fin de evitar su desperdicio por roturas o fugas y creando sistemas de riego más eficientes. Actualmente parece que el caudal de agua con el que contamos es directamente proporcional al nivel de desarrollo económico de la Región. Se trata de un tema manido, que ya aburre después de tantos años de debate estéril y más con la crisis de la construcción en su clímax, pero que trae a la memoria el informe de UNICEF. Como en Guadalupe, quizás convenga revisar con lupa nuestras necesidades e imaginar qué pensaría quien realmente tiene problemas de agua al ver el cartel que cuelga del balcón del Ayuntamiento.
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